encuentros con entidades

-¿Así esta bien?

-Si

SNIFF

Era otra de esas noches, te encuentras con viejas amistades, -Que delgado estas, solían decir, he estado desaparecido una temporada, y hice mi aparición como la de aquel viejo dios en el que nadie creía, tenía mi altar, la música que acompañaba al rito, la vestimenta y los brebajes que pronto me teletransportarían a otra dimensión y me harían alcanzar la sabiduría, como si de Sileno se tratase.

Después de una temporada sin querer saber de nadie, me planté en uno de los viejos bares que visitaba, esa noche haría de pincha discos, un dinerillo por pasármelo bien no me iría mal.

Me encontré con dos antiguas amistades, la noche pintaba bien, había speed, alcohol y mujeres, ¿Qué mas puede pedir este joven desaliñado?

Todos bailaban enloquecidos, rozando un estado de trance con la yema de los dedos, se tocaban, se excitaban, otra raya, otro cubata, un chupito, si por favor…

Era el capitán de un galeón que no paraba de moverse, daba tumbos, me movía sin agilidad ninguna, tocando estrepitosamente lo ridículo, pero sin llegar a serlo, para la ocasión llevaba un gorro de pirata, nos sentíamos jóvenes, esa noche no había cadenas, ni obligaciones, ni reglas, éramos totalmente libres. Al zapar tiramos por la borda el ancla, teníamos todo un océano que surcar y la total certeza de que no encontraríamos un puerto donde estrellarnos.

En nuestros bailes nos derramábamos las pociones por nuestras apretadas vestimentas, la gente nos miraba con desasosiego, nos señalaban con sus mugrientos dedos, no parecía afectarnos, una mano rodeo mi cintura, me volvió y me besó, su boca era una caja de sorpresas, podía llevarte al éxtasis o podía contener una de esas locas pastillas.

Definitivamente habíamos viajado a otra dimensión, los tres habitábamos otro mundo diferente al resto, éramos la perfecta pareja, como el trío la la la pero con abundancia de drogas…

Cuando las agujas del reloj se clavaban en la hora prohibida, habíamos traspasado todos los límites de la realidad.

-Vamos a ponernos otra

Por suerte el servicio de mujeres no era tan estrecho como el de hombres, cabíamos los tres perfectamente sin tener que llegar a la contorsión corporal. Mientras Lorena se preparaba tres rayas, yo jugueteaba con los pechos de Blanca. Mi mano tropezó queriendo a la parte inferior de su vientre, estaba húmeda, nos sumergimos en mares de deseo, cuando mis dos dedos centrales se introducían en el interior de esta, la lengua de Lorena revoloteaba por mi nuca, me acariciaba por todo el cuerpo con sus manos manchadas de speed, un momento de pausa, un breve descenso a la tapa del váter, SNIFF, podemos seguir con la fiesta.

Al salir del baño, la lujuria se había materializado, todos se besaban con todos, todos se palpaban careciendo de discreción, cuando el resto parecía haberse amoldado a nuestro mundo, nosotros estábamos aun más lejos, no tiene sentido alguno nuestra estancia en este antro, vámonos.

Recogí mis bártulos, cobré lo acordado y nos alejamos tan pronto como pudimos.

Sin lugar a dudas habíamos traspasado el umbral que nos hacía ser sociables con el resto de gente y nos centramos en nuestra pequeña hermandad de la depravación. Nos montamos en el coche, ninguno de los tres estábamos en condiciones de coger el coche, pero esta noche no importaba nada ni nadie, tenemos que salir de aquí.

Llegamos a la playa, acompañados de sonetos de algunas criaturas silvestres, retomamos nuestros sucios deseos, pero no antes sin ingerir una pastilla más.

Nuestros labios quemaban, nos desgarrábamos la piel con cada roce, mientras penetraba duramente a Blanca, Lorena se perdía por sus grandes pechos, era una imagen similar a cuando juegas al Twister pero sin tablero…

Es hora de bajarnos el subidón, después de habernos complacido lo suficiente como para no matarnos, Lorena sacó de su bolso una opaca piedra de hachís.

-Voy a mear. Al fin al cabo no éramos tan biónicos, me estaba orinando como nunca.

Los sapos cantaban canciones populares a la luz de la luna, una dulce melodía me agarraba y me hacía avanzar en mi camino, no les eché cuentas a las chicas y emprendí mi andada como el curioso animal en el que me había transformado. Los flamencos dormían plácidamente, las gaviotas se acurrucaban en sus nidos, era totalmente maravilloso, podía oír respirar el frondoso estanque, necesito fundirme contigo madre naturaleza, quería llegar a más, necesitaba formar parte del decorado, por una vez en la vida, le había encontrado sentido a mi existencia. Cegado por la belleza nocturna, tropecé bruscamente con algo y caí recubierto con una fina capa de deleite, el fango manoseaba mi cara, no pude no dejarme llevar por la paz que respiraba en ese momento y me quedé dormido.

Al amanecer, alguien me tocaba con un palo en la espalda, parecía ser un basurero.

-¿Qué demonios está usted haciendo aquí? ¿Sabe que esto es una propiedad privada?

Dios, no podía ni tan si quiera oír con claridad lo que aquel amable currela quería decirme, me dolían hasta los huesos que ya no tengo. Me levante como pude y volví a caerme, estaba todo enlodado, ¿Qué carajo estaría pensando yo para meterme aquí?

-Necesito dormir, por favor no me molesten, buenas noches…

No hay comentarios:

Publicar un comentario